ATRAPAVIDA
Diario de mis sueños.

                                                                          Edelwais Cortes Kehr

Hoy es 18 de julio del año 2021 y recién estoy incorporando este mensaje explicativo sobre mi primer libro que escribí el año 2007. Entonces, los libros no tienen edad, son perennes y me alegro de volver a leerlo, siento que me traen nuevas comprensiones y la alegría inmensa de entender que mis sueños no fueron una ficción, sino verdades profundas que siguen dando un gran sentido a mi vida.

Desde los catorce años escribo mis sueños. Siempre fueron sorprendentes, se referían a temas muy puntuales acerca de lo que estaba sucediendo y las situaciones que vendrían, entonces me llamaron la atención. Los empecé a escribir en mi diario de vida y luego tuve que agregar otros diarios hasta completar tres.

Debo decir que aún los escribo, a estas alturas representan mis mejores maestros de sabiduría. Los significados no se asoman de inmediato y he aprendido que hay que darles tiempo. La vida tiene su ritmo y los sueños aparecen en un lenguaje simbólico, por lo que es necesario volverlos a leer para ir tejiendo la realidad concreta.

Este libro fue como un viaje, donde las páginas me tomaron de la mano y fuimos recorriendo el espacio entre mi centro interior y mi exterior. Enlazamos versos que se fueron cimentando lentamente y creamos puentes de unión entre los más alto de mi misma y la vivencia del día a día, mi arte fue adornado con flores, elementos, personajes y colores.

En un principio tuve la sensación de que mi diario era mi confidente, un monólogo íntimo, un manual de la existencia, un mapa del camino, pero esta ilusión se esfumó rápidamente. Los libros que se publican pasan a ser de todos, son como los hijos que, aunque nacen de nuestro vientre, llega un día en que pertenecen al mundo. Dicen que los hijos son la vida misma que fluye a través de nosotros.   A este libro lo llamo “el inconcluso”, no fue terminado porque los sueños siguen y no sé que forma adoptará el próximo mensajero.

ME DIJERON QUE TENÍA QUE ESTAR TRES HORAS ANTES

                                                                                                                            Edelwais Cortes Kehr

Era una despedida de soltera y a juzgar por las invitadas, que superaban los sesenta años, imaginé que sería una comida formal con música de fondo, a lo más la presencia de un cantante romántico. La novia bordeaba los sesenta y era su tercer matrimonio.

Habían fijado una hora, pero a último momento nos dijeron que teníamos que estar tres horas antes. En realidad, yo sentí que esta información era un poco confusa, de todas maneras, estuve en el momento prefijado.

Llegué a un bar de dudoso nombre: La Paila, cuya entrada estaba al final de una escalera y, a medida que bajaba, se iba poniendo más oscuro. Abrí la puerta y me sorprendí al ver que el color de las paredes era de un rojo- anaranjado, bien chillón y estimulante. Estaban tapizadas de imágenes del kamasutra, cuerpos pintados y otros, que dejaban al descubierto genitales masculinos y pechos femeninos, muy parecidos a las tantas estatuas que se observan en los parques, iglesias y en construcciones antiguas en Europa. Puedo decir que a pesar de la belleza de los conceptos este lugar se veía saturado y de una exageración chabacana. Todo incitaba a la sensualidad y a los placeres del cuerpo.

En el centro de la sala había un escenario redondo coronado de luces intermitentes, lo rodeaban sillones aparentemente cómodos que invitaban a observar el espectáculo. Me sentí entre curiosa y pícara, no había visto este tipo de espacios en nuestro país.

Mientras pensaba, vislumbré al fondo, bajo una luz más tenue, a dos amigas que ponían sobre una mesa elementos de colores, acercándome me di cuenta de que eran disfraces y dijeron que tenía que escoger uno al azar.

El rojo llamó mi atención, era pequeño y no tenía nada de tradicional, era una tanga y pregunté:

—¿Y el sostén?

—No, nada, mijita, esto es así no más.

No pasó mucho rato y ya estábamos todas, cada una con sus disfraces disparatados y sexies donde se destacaban y dejaban al descubierto pechos, traseros, nalgas regordetas pintadas con rostros de hombres barbudos. Una de ellas me llamó la atención, era María Eugenia, una viuda que se había incorporado recién al grupo: piel morena, mamas caídas, pelo teñido cargado al rubio, alta y delgada, que estaba completamente desnuda con una flor roja pintada en el culo y una inscripción que decía: estoy disfrazada de culiflor”.

Esta silueta me causó gracia y me reí a carcajadas.

Mientras nos preparábamos, pasaban las bandejas con pisco sour, aperol, cervezas, vinos y otros mostos que llegaban llenos y se iban vacíos.

El ambiente se iba llenando de risas, gritos y algarabía.

Sin embargo, y desde una mirada positiva, a pesar del desparpajo de la situación, observé los cuerpos de la tercera edad y me parecieron maduros y hermosos, con los vestigios propios de la vida, los embarazos y esos pliegues involuntarios, fruto de la buena comida y el poco ejercicio. Casi todas lucíamos lampiñas, pienso que son las huellas del alejamiento hormonal que enlaza la vejez con los procesos iniciáticos de la decadencia.

La mayor, una antigua amiga, llevaba la batuta, nos hizo bailar a cada una en el podio al compás de músicas movidas como la lambada, cumbia, salsa, rock y otros ritmos caribeños. Ya sin pudor, traté de hacerlo lo mejor que pude y me contorneé como una quinceañera.

Cuál no sería mi sorpresa cuando por un rincón aparecieron unos jóvenes en pantaloncitos pequeños que dejaban lucir toda su anatomía y cada uno se dirigió a nosotras. A mí me tocó un moreno muy musculoso, de sonrisa amplia y dientes blancos que me coqueteaba e insinuante me hacía bailar para él.

Pasado un tiempo y ante los relojes mudos llegó la novia vestida de largo con un escote hasta la cintura dejando ver sus pechos operados y sin más se puso a bailar con todos. Al parecer venía con varios tragos en el cuerpo por lo que se movía de manera irregular y por un momento temí que se cayera de bruces. Aun así, le habían reservado un modelo semidesnudo, quien con sus brazos fuertes la sostenía para continuar la diversión.

Del rincón surgió un joven delgaducho, blanco, de piernas flacas, también en sunga, pero no tan dotado como los bailarines, ofrecía sobre una bandeja dorada, una finas y largas copas de champaña, al mismo tiempo que indicaba el bar abierto. Por cierto, contenía mucho más de lo que podríamos tomar.

Hasta hoy no recuerdo cómo llegué a casa, si es que llegué. Hay tramos de la noche que quedaron en el olvido; sin embargo, confieso que fue una jornada fantástica y excéntrica.

El haber llegado tres horas antes le dio todo el encanto, permitió soltar los miedos y entendernos con el cuerpo tal cual estaba, además de evitar la crítica, un compañero mental un tanto indeseable que nos hace ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

Mi reflexión última fue que sobre las viejas no hay nada escrito, ni prejuicios ni estereotipos ni paradigmas, somos quienes queremos ser y estamos dispuestas a divertirnos, más aún cuando compartimos en un grupo con la misma energía.

El 25 de Septiembre 2017, fue lanzado mi segundo libro: "AMADORAS DE LA LUNA" La Raíz del Poder de las Mujeres.

Párrafo
"Estamos enfrentando un tiempo especial, que nos pone de nuevo ante el umbral de un conocimiento más amplio, integrado y profundo, que vuelve desde los nichos del olvido, emergiendo para que, tal vez, resigniquemos nuestro origen y meta como humanidad, despertando otra vez de un sueño, a una realidad que no es nueva en la sabiduría del gran universo.
Para muchos, lo que viven hoy es abrir los ojos a una expresión y sabiduría que ya no pertenecen al mundo hermético, se han abierto las compuertas de una comprensión que ha sido resguardada y, en algunas épocas, sellada en lugares y memorias recónditas. Lo que hasta hace poco se hablaba entre paredes, oculto, protegido, dosificado, hoy se hace más exotérico, el cielo se ha ido acercando, instalándose en la superficie de lo cotidiano con un lenguaje sencillo, que nos lleva a sentirnos cada día más insertos, más unificados como parte de los movimientos cósmicos, terrestres y humanos. Eso nos permite, a la vez, un entendimiento más vasto de nosotros mismos como parte del todo. Girando entre ciclos, perceptibles e imperceptibles, entre voces interiores y experiencias concretas, hemos aprendido que no estamos solos ni separados del universo y que tampoco existe el vacío. Nos hemos ido plegando a la idea de que nuestra vida permanece en concordancia con todo lo que nos rodea, desde los sucesos más lejanos hasta los más cercanos"...........

El libro está disponible en Syncronía, Academia de Estudios Holísticos, ubicado en Rafael Cañas 16, of. 2 -D Providencia, Santiago. También puede ser adquirido llamando al celular 976697038, conectándose con la autora. El valor es de $9000 que puede ser transferido a la cuenta que será informada a los interesados.